Carta abierta respecto a las protestas ante los Príncipes de España en Quito

Desde Acampada Quito, colectivo surgido a partir de las movilizaciones de España desde el 15 de mayo de 2011, queremos dar apoyo a las personas que el pasado 5 de octubre protestaron ante los Príncipes de Asturias. Según han recogido los medios, la protesta se centró en denunciar la deuda ecológica y social de Repsol en Ecuador, la imposibilidad de realizar veedurías a causa de la soberanía que Repsol ejerce en el bloque 16, y una crítica hacia la subvención de Cooperación al Desarrollo concedida a la Fundación Repsol en Ecuador.

En el Enlace Ciudadano del día siguiente el Presidente de Ecuador, el economista Rafael Correa, los tildó de “gringuitos panzas llenas” que no respetan los símbolos del Ecuador y se inmiscuyen en los asuntos internos del país. Con esta carta queremos invitar al presidente Rafael Correa a observar los hechos más allá del propio acto protocolario.

Respecto a los símbolos de la República, advertimos que distintos medios [1] recogen que los manifestantes guardaron silencio cuando se interpretaba el himno nacional de Ecuador y que, cuando este finalizó, se reanudó la protesta. Parece evidente que en ningún caso hubo intención alguna de ofender a los símbolos patrios de Ecuador.

Es necesario destacar que cada vez es más numerosa la juventud española que emigra por motivos económicos. Con un paro juvenil por encima del 50% y más de un millón de hogares con todos sus miembros en paro [2], cada vez es mayor la cantidad de jóvenes que tienen que emigrar a otros países de Europa y a América Latina. Ese exilio está desencadenando acciones de protesta en distintos lugares del mundo. El mismo 5 de octubre jóvenes españoles protestaron ante el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, en Malta [3], y el día antes lo hicieron ante el Ministro de Economía, Luis de Guindos, en Londres [4]. Estos españoles de panza no tan llena seguirán aprovechando cada visita de los representantes del Gobierno y de los Jefes de Estado españoles en el exterior para mostrar su indignación. Más aún, si cabe, cuando esas visitas se producen para apoyar la actividad de las empresas oligárquicas que ostentan el poder real en España. Los únicos gringos de panza llena relacionados con las protestas del día 5 de octubre son los empresarios españoles participantes en el Foro Empresarial Hispano-Ecuatoriano y los Príncipes de Asturias.

Por último, la crítica a Repsol no puede entenderse únicamente dentro de los asuntos propios de Ecuador: Repsol es una empresa con sede en España, cuyos máximos accionistas españoles son las empresas pertenecientes a la oligarquía financiera, y cuyos dirigentes son, en buena medida, los españoles de panza llena que han generado la crisis española y que están siendo los beneficiarios de las políticas antisociales de los sucesivos gobiernos españoles. Mientras se recortan derechos y se precipita a las familias españolas al deshaucio y a la pobreza, el Estado español continúa financiando a la gran banca. Repsol, que ha ostentado unos beneficios millonarios en los últimos años, ha sido una de las empresas que ha recibido financiación de cooperación al desarrollo en plena crisis, lo que fue motivo de dura crítica por parte de la Coordinadora de ONGDs española en Ecuador[5], así como de Acampada Quito[6]. Repsol también ha sido apoyada por el Gobierno Español cuando el gobierno de Argentina decidió la nacionalización en este mismo año de YPF, produciéndose una intensa presión por parte de la diplomacia española contra la política argentina, legítima y soberana.

Por ello exigimos la legitimidad de la protesta y que no se tome represalia alguna contra los jóvenes ecuatorianos y españoles que participaron en la misma el pasado 5 de octubre, protesta que entendemos como parte de los derechos que una ciudadanía global ha de ostentar. Ecuador y España son, por caminos distintos, países cuyas judicaturas han impulsado a nivel mundial la jurisprudencia internacional de los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, en casos emblemáticos contra los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de contaminación del medio ambiente. Ese es el camino hacia el que los pueblos del mundo queremos caminar, y consideramos que esta acción se enmarca también dentro de esta forma de ver los derechos globales.

Una de las consecuencias positivas que tienen los movimientos migratorios actuales es que permiten la unión de españoles y ecuatorianos en Quito protestando por los actividades de las empresas oligárquicas españolas en Ecuador, o la posibilidad de ver a ecuatorianos en Madrid apoyando las movilizaciones en contra de los deshaucios y de las consecuencias de la crisis española.

En Quito, a 11 de octubre de 2012,
Acampada Quito

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[1] Noticia de ABC: http://www.abc.es/20121005/espana/abci-principes-ecuador-201210052047.html

[2] Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Desempleo_en_Espa%C3%B1a

[3] Diario Público: http://www.publico.es/espana/443527/asi-hemos-recibido-a-rajoy-en-malta

[4] La Sexta Noticias: http://www.lasexta.com/videos-online/noticias/nacional/guindos-abucheado-15m-londres_2012100500187.html

[5] Coordinadora ONGDs Castilla-La Mancha: http://www.ongd-clm.org/actualidad/1-latest-news/3724-la-coordinadora-de-ongs-espanolas-en-ecuador-rechaza-subvencion-publica-a-repsol?format=pdf

[6] Acampada Quito: https://acampadaquito.wordpress.com/2012/01/23/pedimos-la-revocacion-inmediata-y-definitiva-de-la-resolucion-de-aprobacion-de-la-cap-a-la-fundacion-repsol-ypf-ecuador/

 

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Conversatorio en FLACSO Ecuador: Elecciones e indignados en España

FLACSO Sede Ecuador, su programa de Estudios Políticos, tiene el agrado de invitar a usted al

Conversatorio Elecciones e indignados en España

a cargo de:

Manuel Alcántara
Catedrático del Área de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca. Entre sus principales publicaciones se encuentran: Gobernabilidad, crisis y cambio, ¿Instituciones o máquinas ideológicas? Origen, programa y organización de los partidos políticos latinoamericanos, Sistemas políticos de América Latina.

Fecha: Miércoles, 8 de junio de 2011
Hora: 11h00
Lugar: Salón de Afiches

De vientos y rebeliones

¡Próxima estación: “Plaça Catalunya”!

Era la parada donde yo tenía que quedarme. El metro se detuvo y se abrieron las puertas y cientos de personas iniciamos nuestros respectivos trayectos. Había que tener claro el destino siguiente, sea otra ruta de metro, sea la puerta de salida correcta, sea una conexión del ferrocarril.

Yo tenía que salir de este mundo subterráneo, lleno de serpientes metálicas que transportan miles de personas de un lugar a otro por las entrañas de la tierra. Reconocí el acceso y me dirigí a salir. Ya se escuchaban los ruidos de una ciudad que nunca duerme. Las gradas daban directamente a la Rambla, calle emblemática que lo recorren de arriba a abajo miles de personas cada día.

Era normal salir del metro y encontrarse con un tumulto de gente, cientos de personas que iban y venían, la mayoría turistas que, con mapa en mano, recorrían la rambla, se dirigían al centro de la ciudad o hacia la playa. La mayoría transitaba por las vitrinas de los grandes almacenes, algunos entraban, otros miraban, pero todos con el deseo de estar a la moda y no apartarse de la imagen de pertenecer al primer mundo. Miles de anuncios, enormes pancartas, sonidos estridentes, coches de lujo, personas de lujo. Todo con el mismo mensaje: “compra y entra al único mundo posible”.

Cruzando la calle estaba la plaza. Era la misma plaza que se la cruza apurado, sin pensar más que en las preocupaciones o las deudas; se la atraviesa lo más rápido posible para evitar congestiones y llegar a tiempo a su destino. Pero hoy, ya no era esa plaza vacía, silenciosa y de cemento. Crucé la calle y entré a otro mundo.

Son las 9 de la noche, aún con un sol queriendo despedirse, que ilumina y calienta, comienza el cacerolazo. Miles de personas hacen escuchar su indignación.

Estamos en Plaza Cataluña, van a ser diez días que este lugar céntrico y emblemático de la ciudad de Barcelona se ha transformado en un lugar de encuentro de miles de personas que, de manera espontánea, han decidido por construir colectivamente, de manera solidaria, recíproca y complementaria, otro mundo, más justo, más humano y más real.

El ruido producido por todo tipo de instrumentos se hace escuchar y con las manos en alto y el corazón compartido anuncian un día más de sueños realizados y un día menos de sueños imposibles e impuestos. Era un abrazo inmenso lleno de dignidad.

Con un calor algo inusual para esta época, la plaza se encontraba con una, también inusual, alegría que desbordaba a todos sus extremos.

Levanto la mirada y me detengo, que no suele ser muy común, y leo uno de tantos carteles que cuelgan por todas partes: “La plaza es nuestra”.

Y sigo caminando, deteniéndome, contagiándome, y leo otro: “Vamos lento porque vamos lejos”, y otro y otro: “Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir.” “Power to the people”. “¡Nous sommes indignés!”. “Sólo hay dos clases de políticos, los que roban y los que esperan para robar”. “Sólo faltas tú” “¡Hoy reflexionamos, mañana también! Paciencia!”

El viento recorría suavemente por los cientos de carpas instaladas, y por los techos improvisados para cubrirse del fuerte sol o de las posibles lluvias. Al parecer todo era desorden y caos, pero la realidad era diferente. La plaza tenía una disposición muy bien pensada y organizada para que cada actividad tenga su espacio y su autonomía. Habían dividido la plaza en otras plazas más pequeñas, como un mundo dentro de otro mundo. Y le habían puesto un nombre digno, como el caso de la Plaza Tahrir, conmemorando la revuelta egipcia, o Plaza Islandia, como agradecimiento a ese pueblo que le dijo NO a los poderes financieros mundiales, y se negaron a pagar las deudas de los bancos. Los espacios de la plaza habían sido repartidos dando prioridad para que la gente se encuentre, se detenga, se reúna, reflexione y actúe.

De pronto, el cacerolazo terminó. Miles de personas, de todas las edades y condiciones se dispusieron a sentarse en disposición circular. Sonaron los megáfonos anunciando el inicio de la Asamblea General del día. Una a una, cada comisión iba presentando los frutos de su trabajo de aquel día. Un trabajo asambleario, horizontal y verdaderamente participativo que me llenó de un aprendizaje enorme. Como una anciana decía en una de tantas reuniones espontáneas que se daban: “ En estos días he aprendido y desaprendido lo que en mis tantos años de escuela, colegio y universidad”. Así, por ejemplo, la comisión de actividades compartía que en horas de la mañana se realizaron talleres de pintura y juegos con los cientos de niños y niñas que acudían a la plaza con sus padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos, hermanas, todas indignadas pero alegres. También se escuchó que se comenzó a sembrar, luego de las adecuaciones del espacio para el huerto, a un extremo de la plaza. Y efectivamente recordé que el día anterior un grupo de personas nos habíamos trasladado a una casa ocupada y transformada en centro social, y pudimos traer tierra, palos, herramientas y semilla. Anunciaron el éxito de la marcha que se realizó a horas de la tarde por las calles de la ciudad en contra de los recortes al sector salud que pretende realizar el gobierno. También la comisión de contenidos expuso las diferentes reflexiones que se realizaron a lo largo del día en torno a diferentes temas como, por ejemplo, la educación, la salud, el medio ambiente, el consumo, la energía nuclear, la democracia, los saqueos en países hermanos a nombre del desarrollo, entre otros. También las comisiones de comunicación, de convivencia, de cocina, de limpieza, de resistencia, entre otras, compartían su camino.

Todos y todas escuchaban con atención y emoción al ver reflejado su esfuerzo de reflexión y de acción. De a poco cada comisión también iba construyendo la agenda del día siguiente, los asamblearios proponían y se formaban nuevas subcomisiones para cada propuesta. Se anunció, por ejemplo, que para el día domingo, se tenía previsto la presencia de algunas agrupaciones musicales de toda Europa que venían a compartir su música de manera desinteresada y solidaria. En estos espacios a nadie se le decía que su propuesta era imposible, a nadie se le interrumpía la palabra, a nadie se le negaba soñar. El sueño era colectivo y real.

En menos de una semana, esta gente indignada, alegre y rebelde, construyó otro mundo. Un mundo repleto de ilusiones, de sueños, de colores, de sabores, de olores tan diversos como dignos. La cocina se convirtió en el espacio para compartir momentos de trabajo pero también de enseñanza y aprendizaje. Se preparó las comidas para miles de personas. Cada día el menú sorprendía por su exquisitez, su sabor y su calidad. Casi todo hecho con los productos de las huertas ecológicas y solidarias de toda Barcelona y por las contribuciones de familias. Además había tres cocinas solares que sorprendían por su eficiencia y por su sencillez. No había que pagar nada, sólo se tenía que llevar su plato, su cuchara y su vaso, eso sí, evitando producir basura. La comisión de medio ambiente se encargaba de reciclar los envases, de fomentar la reducción del consumo de estos materiales, de poner tachos para separar los desperdicios. El material orgánico se iba al huerto que ya comenzaba a tomar forma. Había unas bicicletas que las personas se turnaban para hacer girar las ruedas y producir energía para que la consola entone su música. Avanzada la noche, se formaban grupos improvisados de música, de teatro, de malabares, todos transmitiendo alegría y esperanza. Ya para dormir se disponía de miles de carpas e incluso algunos habían adecuado sus camas encima de los árboles de esta plaza tan particular.

Cada persona, organización, colectivo, asociación tenía su espacio, con la única condición de no ser parte de ningún partido político ni tener relaciones con bancos, empresas privadas o que tenga un mensaje excluyente.

La gente estaba indignada, pero no lo exteriorizaban en odio, rencores ni violencia, más bien al contrario, todo era alegría y solidaridad. Sabían que la respuesta a la crisis era esa gran vía colectiva.

Y como decía otro cartel: “Vale la pena encontrarse”. Y como decía alguien por ahí: “las lecciones de dignidad los dan los más pequeños”.

Mi abuelo me solía decir cuando salíamos al bosque: “la selva puede parecer muy tranquila o puede mostrarse muy violenta, eso va a depender de cómo sean tus pasos.”

Y continuaba diciendo, mientras preparaba su tabaco: ”nuestros pasos son como nuestra vida, se vive como si estuviéramos siempre en peligro. Siempre hay que tener cuidado donde uno pone su huella, pero también es importante saber cómo se marca esa huella.”

Sin duda, ahora, a más de 9 mil kilómetros de distancia, hay muchas huellas que recorrer y reconocer.

Desde tierras catalanas

Fabricio Guamán

Viernes 27 de mayo 2011